Urbi et Orbe

enero 31, 2011

El cártel de Masiosare

Archivado en: Noticias — Paco @ 3:06 pm

 

Cada lunes, por lo menos, en mis andanzas por el sistema público de educación, tenía que recetarme una buena dosis de fervor patrio. Las asambleas escolares eran parte aquella visión arcaica de educación cívica que nos enseñaban en la escuelas primarias y secundarias de mis tiempos. En realidad, poco recuerdo de todo aquel rollo cívico institucional. Vagamente vislumbro algunos datos sueltos de la asignatura. Pero lo que no olvido es el ceremonial de las asambleas, con un inevitable tono marcial.

 

Supongo que no ha cambiado mucho: tambores y trompetas, el alumnado en evoluciones militares, marcha ceremonial de la bandera, y un himno cuya belleza no le quita el carácter bélico ni las amenazas directas a personajes nefastos como el famoso “masiosare”. Y claro, la oferta vehemente de derramar la sangre patriota.

 

En un giro extraño de la historia, llegamos al centenario de la Revolución y bicentenario de la Independencia con todas las ganas de celebrar. No sé si los festejos previstos para el 2010 fueron lo que esperaban las “festejosas” autoridades, pero con todo y orgullo patrio, no creo que haya tenido tanto impacto en los mexicanos. El carácter cívico de esa gran asamblea conmemorativa tuvo una insólita contraparte en la violencia generalizada y salvaje que se vivió entonces, y se vive ahora incluso más frenéticamente.

 

En Nuevo León al menos, esa guerra que se achaca a un enfrentamiento entre cárteles, no ha bajado de intensidad. Aunque los choques entre grupos antagónicos son obvios, también hay una evidente cacería contra policías y agentes de tránsito, sobre todo en el área metropolitana de Monterrey. Tampoco han faltado víctimas inocentes; la típica historia de estar en el lugar equivocado y en el momento equivocado. Por desgracia estos casos han dejado de ser azarosos, porque los lugares y momentos equivocados ya pueden ser en cualquier lugar y a cualquier hora.

 

La derrama de sangre, no necesariamente patriota, ha sido especialmente intensa durante enero. Y la cuenta de muertos no cesa. La crisis violenta ha tenido muchos intentos de respuesta oficial, pero el discurso no va de la mano con los resultados. Por ejemplo, los retenes contra robo de autos, intentan detener un delito del fuero común… ¡Uno! ¿Y los asesinatos planeados y perpetrados por grupos criminales? Otra medida es incluir militares en la policía estatal, o de plano asignar al Ejército la vigilancia de algunas zonas.

 

La percepción inmediata es que se ha perdido completamente el control en la seguridad de todo el Estado. Peor aún, ante la sistemática versión oficial de que esto es una guerra entre cárteles, surge la pregunta obligada: ¿entonces por qué están ejecutando policías y agentes de tránsito? La idea original de los retenes con policías estatales, despertó más incertidumbre que confianza… ¿Policías? ¿Los ciudadanos confían en los policías? Yo, la verdad, lo dudo.

 

¿Militarizar es la solución? Sí, pero no. Sin leyes que se ajusten a las peculiares necesidades, siempre habrá errores que, además, pueden ser capitalizados por la fauna política local, tan o más feroz que los propios cárteles. Sin embargo, está visto que ni el Estado, ni los municipios, pueden enfrentar la contingencia. Por una parte, no tienen capacidad de fuego y preparación para hacerlo; además, ni la gente ni los propios funcionarios, tiene absoluta confianza en los policías. Ejemplos claros los hay, y muchos.

 

¿Mando Único? Es posible, pero es difícil. Se trataría de CREAR un cuerpo policiaco, no de “barnizar” los que hay. Se trataría de una verdadera limpia de infiltraciones, pero más amplia, que toque también a los políticos y a los poderes del estado. Es improbable que la infiltración se dé sólo a nivel de tropa, nadie se traga esa píldora. La idea es cortar el árbol, no sólo podarlo.

 

Lo más significativo de todo esto es que llegamos a los centenarios otra vez con guerra. Las asambleas escolares ya tienen sentido. Lo que para gente como yo era una guerra imaginada y admirada en figuras heroicas, ahora se convierte en algo cotidiano. La épica magnífica de libros y películas se quitó la máscara y mostró el verdadero rostro del horror. El mítico “masiosare” ya tiene nombre. Tal vez los niños y jóvenes puedan ahora redimensionar el valor del patriotismo, la entrega y la generosidad de cientos de mexicanos en otros tiempos, pero por desgracia no en estos.

 

A los cárteles, no se les puede pedir ser patriotas… A los políticos y funcionarios sí… pero parece que no les interesa.

 

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