Por: Susana Valdés Levy
Toda decadencia es consecuencia de un deterioro moral. La situación que estamos viviendo actualmente, esto que nos parece como el peor de los tiempos, es también la consecuencia de una crisis moral en todos los estratos.
Cuando digo “moral” me refiero a una moral regida por la ética. Es decir, que lo que estamos viendo actualmente es una crisis en nuestra capacidad de distinguir entre el bien y el mal y luego elegir el bien. Algunos ya no son capaces de distinguir entre el bien y el mal. Otros, son capaces de distinguir entre estos dos polos y saben qué es lo que está bien y qué es lo que está mal, pero no son capaces de elegir el bien o no le dan valor alguno al bien. En tiempos como los nuestros, en los que las religiones y las doctrinas parecen estar perdiendo su influencia sobre las conductas, tiempos en los que las llamas del infierno ya no asustan a nadie, y la promesa de un Cielo nos parece cada vez más abstracta, es cuando podemos ver la tremenda falta de una ética y una moral o una moral-ética que nos impulse a hacer el bien por el bien mismo y no a cambio de indulgencias o por temor a amenazas.
El materialismo y consumismo a ultranza que marca nuestra época ha dado forma a una conducta carente escrúpulos. Hoy por hoy es más importante tener que ser. No es extraño entonces que haya cada vez más personas ávidas de acumular bienes y riquezas a costa de lo que sea: destruir el medio ambiente, traicionar a la patria, mentir, amenazar, explotar, esclavizar, robar, matar…lo que sea, con tal de poseer y ostentar el poder que nosotros mismos le otorgamos a quien tiene bienes y dinero. De ahí que cada día, son más los avaros, los egoístas, los ambiciosos, los especuladores, los explotadores, los depredadores.
La conducta deformada por el materialismo y el consumismo, nos inclina a pensar que el bien es la riqueza (el bien materia y la capacidad de adquirirlo) y el mal es la pobreza (la ausencia del bien material y la incapacidad para adquirirlo). Le tenemos veneración a lo ostentoso, y horror a la austeridad. Yo estoy convencida de que la pobreza extrema es tan indigna como la extrema riqueza. Pero, debido a que hemos aprendido que el poder, el respeto, la admiración, el reconocimiento, las oportunidades se consiguen con dinero, muchos han decidido hacerse ricos o por lo menos dejar de ser pobres, a cualquier precio. Por lo tanto, creemos hay que conseguir el bien de la riqueza a como de lugar y a costa de cualquier cosa, incluso de vidas ajenas. Asi ha sido que el “progreso” ha devastado al entorno, el sexo ha destronado al amor, la euforia a la alegría, la evasión ha tomado el lugar del sosiego y la apariencia física se ha vuelto mucho más importante que la belleza interior y las aspiraciones son ahora ciegas ambiciones.
La decadencia moral ha sido la causa detrás de la caída de los más grandes imperios. No es raro que estas caídas comiencen por el desmoronamiento de las investiduras y de las instituciones en la medida en que estas, también comienzan a perder escrúpulos y con ello credibilidad y autoridad.
Nuestras escuelas están llenas de niños que algún día, muy pronto, tendrán al mundo en sus manos. Si no hacemos algo pronto para incluir en su esquema educativo y formativo una profunda noción de la moral-ética, si no se les enseña filosóficamente a distinguir entre el bien y el mal y a elegir el bien por el bien mismo, el mundo no tendrá mucha esperanza.
Hoy por hoy, cuando destinamos miles de millones a “combatir el mal”, como el crimen o la corrupción y perdemos cientos de miles de vidas en la lucha, estamos únicamente tratando de contrarrestar el síntoma y no la causa. El mal es consecuencia de un desconocimiento de la ética y eso ha empobrecido nuestra civilización a un grado tal que nos ha convertido en depredadores de nosotros mismos, en verdaderos monstruos.
Estamos en la Era del Conocimiento pero el conocimiento sin ética es un arma que puede usarse, como se ha usado, con fines anti-éticos. Por lo tanto la moral-ética se debe inculcar por convencimiento y no por adoctrinamiento. Hay que enseñar en las escuelas a distinguir entre el bien y el mal y demostrar por qué el bien es más conveniente que el mal. Tenemos que enseñar por qué el mal como medio para obtener bienes, no es opción ni individual ni colectiva. Tenemos que revivir en las escuelas a Sócrates, a Aristóteles a Platón. Tenemos que enseñar a las nuevas generaciones que ser es más importante que tener y que el bien, hay que hacerlo.
Y si a todo esto le sumamos el constante ataque a las religiones (sobre todo, últimamente a la católica, donde por unos quieren hacer pagar a todos), pues los que fuimos educados “a la antigüita” ya no tenemos de donde agarrarnos, porque hay muchos que nos acusan de ignorantes, obtusos y retrógradas por creer en Dios y profesar alguna religión

¿A dónde vamos a parar?
Saludos al anfitrión y a la invitada, excelente post, como todos los de este sitio
Comentario por Lula — mayo 12, 2010 @ 9:52 am
Si Lula, creo que se cumple el adagio de que “pagarán justos por pecadores”, no es extraño que mucha gente esté pasando de la religión institucionalizada a la espiritualidad personalizada, a elaborar su propia doctrina o su propio sistema para el “religare” es decir, para (re)establecer su vínculo con el Ser Supremo.
Comentario por Susana — mayo 16, 2010 @ 9:21 pm