Este domingo amanecimos en Nuevo León con una noticia escalofriante. No se trató de ejecuciones. ¡Para nada! Éstas son tan frecuentes que dejan de ser noticias y se convierten en simples reportes. De hecho, a este paso, poco falta para que los noticieros abran una nueva sección, con edecán “sensualona”, mapas sectoriales, gráficos estilo Weather Channel, para dar el “clima rojo” del día. Pero la noticia, también “roja”, de este domingo, fue la estampida humana que causó la muerte de 5 personas en la Expo-Guadalupe. En breve, los hechos se desencadenaron tras unos disparos en uno de los enormes antros “familiares” que caracterizan esta… ¿exposición ganadera? ¡Ajá!
Debo decir que la Expo es más vieja que mi memoria. Recuerdo de niño haber ido a ver una muestra importante del ganado que se criaba en Nuevo León. Luego recorríamos el resto de las instalaciones, que eran básicamente una las de feria un poco más grande de lo normal. El tiempo cambió el concepto. Por más que las autoridades municipales insistan en matizar, la exposición de ganado no es el objetivo medular de esta fiesta. Ni siquiera la feria, los restaurantes o los juegos mecánicos. Para cualquiera, la Expo significa un enorme antro donde se puede deambular tranquila y erráticamente cargando enormes vasos inmoderadamente llenos de la “bebida de moderación”. ¡A quién le importan las vacas y los sementales!
De pronto, la Expo Guadalupe gira en torno de, por lo menos, tres enormes antros: Show Rosas, Jardín Cerveza y el Palenque. Si no hubiera nada más que estos tres centros de vicio, a nadie le importaría, cuantimenos a las autoridades municipales. (Apunte rápido: si en estos antros se expende alcohol sin limitaciones, y si el alcoholismo es un vicio, son “centros de vicio”… ¿Que no?). Entonces, estamos frente a una exposición que ha dejado de serlo. Por lo menos en cuanto a exponer ganado se refiere.
Ni qué decir que normalmente, la Expo Guadalupe se ha convertido también en un dolor de cabeza para los vecinos cercanos y no tanto de las instalaciones. De joven, todavía recuerdo desesperantes desveladas, hasta el amanecer, escuchando la música en vivo del grupo o cantante en turno. Y eso que vivía a bastante distancia.
Lo obvio es que este evento anual ya no tiene sentido como exposición ganadera, y tampoco está ubicado en el lugar más apropiado. También es evidente que las sucesivas autoridades municipales, se han hecho sordos y ciegos ante esta situación. Tan ciegos y tan sordos, que olvidaron que, al menos, debían cumplir con su elemental responsabilidad de asegurar que los miles de ebrios que deambulan por esta temporal “zona roja”, lo hagan sin perjuicio de su integridad física y la de los demás. Está claro que la autorización para abrir esta monumental cantina, se dio con negligencia municipal en el mejor de los casos… en el peor, con complicidad.
En realidad, al menos durante poco tiempo, este domingo la Expo Guadalupe recuperó su vocación de exposición ganadera. Porque la gente aterrorizada se comportó como ganado, y fue tratada como ganado por quienes debieron protegerla.