Desde este martes, entre de los contrasentidos del poder y los medios, uno más se sumó a la obesa lista. Atardezco con la noticia de que un fulano de apellido Guzmán es reinstalado en algún cargo que tiene qué ver con el equipo de futbol “Tigres”. Cuando vi la noticia, dije “Ah”. Pero cuando vi el revuelo que causó, urbi et orbe, amplifiqué ese “Ah” y me quedé con los ojos de plato. Al asombro siguió una incómoda sensación de estar viviendo en una burbuja y en la Edad de Piedra, de estar usurpando un futuro que no me pertenece. De nuevo leí las notas y reacciones y de plano creo que he vivido en el error durante años. Más aún cuando se difunde una rueda de prensa donde el club en cuestión se limitó a leer un comunicado y a negarse a responder preguntas de los periodistas convocados. Esto ha metido más ruido al caso. Las redes sociales se congestionan con santa indignación por el tal Guzmán. Los medios de comunicación llevan la nota crítica a alturas insospechadas, que, por cierto, no se atreven a llevar en temas sociales y políticos.
De plano estoy muy confundido. No entiendo por qué tanto escándalo por una actividad que implica un flujo económico importante, pero sólo hacia el club cuestionado. Además, significa un beneficio social muy relativo. Porque parece que la idea de pertenencia comunitaria que da el futbol, es muy distante y distinta de la pertenencia funcional y necesaria de una sociedad.
Debo confesar que disfruto el futbol, aunque con algunas condiciones. Al menos dos: cerveza y carne asada. No vería un partido yo solo. La sazón de gritos y “mentadas” que mis amigos lanzan al televisor no tiene precio. Sí. Es una acción catártica. Liberadora tal vez, pero peligrosa. Nunca se sabe qué puede liberar y hasta qué extremos.
Pero esa distancia mía respecto a la comunidad futbolera es lo que me hace sentir extraño, extemporáneo, casi ajeno a la sociedad. En realidad, me preocupan otras cosas. Y tal vez me equivoque por eso.
Por ejemplo. Me preocupa mucho que este fin de semana se difundiera un encuentro entre sicarios y militares. Me preocupa que fue muy cerca de donde, poco antes, había estado el Gobernador supervisando la seguridad en carreteras y municipios. Hasta donde entiendo, no huyó del lugar, pero por poco le toca estar muy cerca de esa evidencia de que no hay seguridad en carreteras. Me preocupa que un ciudadano denuncie en un noticiero local que en un retén de maleantes, los viajeros fueron desvalijados y aterrorizados. Me preocupa muchísimo que el Congreso de Nuevo León siga actuando a espaldas de los ciudadanos promoviendo un estadio y destruyendo el germen de un parque necesario para la metrópoli. Me pone sumamente incómodo que el propio Congreso haya usado el viejo y artero truco de perpetrar ese ecocidio escondiéndose en la temporada vacacional.
Pero sobre todo eso, el caso del tal Guzmán y los Tigres, me pone en el limbo de una deliciosa paranoia. Porque una decisión tan absurda como la que rechazan ya los fanáticos, deja de lado todo lo demás. El relumbrón de esa intrascendencia social, borró de golpe toda la indignación por la incompetencia evidente de las autoridades en el tema de la inseguridad. A quién le interesa ya que se sacrifique un área verde importante y se regale a una empresa. Ya no importa la corrupción policiaca. Al diablo con todo. ¿Qué puede ser más importante que el hecho de que el tal Guzmán hay sido reinstalado en Tigres? ¡Por menos que eso pudo haber iniciado la Revolución!
En estas circunstancias, y ante el efecto distractor del tal Guzmán… me entra esta deliciosa paranoia y me pregunto si no fue una acción deliberada para que olvidáramos la comunidad que SÍ SOMOS, y nos volquemos en esa comunidad que NO SOMOS… porque la gran mayoría de los hinchas futboleros toman cerveza, asan carne, compran camisetas, boletos y abonos carísimos, “pagos por evento”, afiches… pero pocos juegan realmente futbol.
Muy claro, esta es la misma sociedad “en vias de desarrollo” que estudiamos en los libros de texto de la secu aya por los 70′s !viva Mexico!, las peliculas corrientes, las novelas, y la sublime mezcla de la fantasia del deporte exelso y la realidad de nuestros vicios, cerveza, tequila …. es lo que hace feliz a la mayoria.
Comentario por Jose Martinez — abril 1, 2010 @ 8:14 am